#CrazySocks4Docs

Uno de los objetivos primordiales para la puesta en marcha de la Humanización Sanitaria es “humanizar” a los propios profesionales de la salud y dotarles de herramientas de ayuda para prevenirlo, detectarlo y tratarlo de la manera más eficaz. Siempre hemos oído que para cuidar hemos de cuidarnos primero. Y es cierto. Si nosotros no somos capaces de autocuidarnos y de hacer ese ejercicio de instrospección sobre aquello que nos pasa, difícilmente podremos actuar de una forma óptima en esa necesaria y siempre difícil relación de ayuda que se establece entre el médico (o profesional sanitario) y paciente.

 

 

Los datos son demoledores. En la actualidad un 54% de los médicos sufren de “burnout” o desgaste profesional, un 88 % están moderada o severamente estresados y un 59% no recomendarían realizar la carrera de Medicina a sus hijos. Pero lo más preocupante es que uno de cada cuatro médicos ha tenido ideas suicidas, uno de cada cinco ha sufrido o ha estado en tratamiento por depresión y uno de cada cincuenta médicos ha tenido intentos suicidas. Se trata de un verdadero problema de salud pública que sería bueno dotar de herramientas para analizar, prevenir, diagnosticar adecuadamente y tratar.

El síndrome de “burnout ” se ha definido como una combinación de agotamiento emocional, despersonalización y reducción del desempeño profesional originado por la exposición a situaciones de estrés laboral crónico. Este síndrome ha crecido de forma alarmante entre los médicos y ha merecido una atención significativa debido al impacto negativo que puede implicar en el cuidado del paciente. Los médicos con altos niveles de desgaste profesional cometen más errores médicos.

La exposición prolongada al estrés suele ser la principal causa de agotamiento emocional y se manifiesta por la pérdida de entusiasmo por el trabajo, la sensación de desamparo, la trampa y la derrota. La despersonalización ocurre cuando los médicos tratan a los pacientes con indiferencia, los cosifican y desarrollan una actitud negativa hacia sus colegas y hacia su profesión. La ineficiencia, o la falta de un sentido de logro personal, se caracteriza por la retirada del individuo de las responsabilidades y el desapego por el trabajo.

 

 

Las causas originales no se entienden completamente. Asumimos que la causa más poderosa de ese sufrimiento en el trabajo es el desafío cada vez mayor que supone  el juicio práctico del médico. El juicio práctico se define como la facultad que conecta el conocimiento y la razón, la ciencia y la experiencia, cuestiones generales e individuales. Nos enfrentamos a diario a decisiones difíciles, a las incertidumbres propias del arte del ejercicio de la Medicina, a dilemas de índole ético, a la gestión de muchas emociones propias y ajenas, a ponerse en la piel del paciente, etc.  El médico se encuentra en la encrucijada de la propia acción médica y su ejercicio está estrechamente relacionado con un placer por el trabajo o vocación. La evolución de la medicina, particularmente la proliferación de procedimientos, parece tener una influencia negativa en su entrenamiento y su ejercicio.

En resumen, las causas del “burnout” pueden ser múltiples y variadas:

  • Carácter intrínseco del propio individuo (personas sensibles, empáticas, altruistas, autoexigentes y/o perfeccionistas son más proclives) junto con la ejecución de su propia gestión emocional del estrés crónico

  • Las relaciones socio-laborales con superiores o compañeros en las que no son infrecuentes las situaciones de maltrato o acoso laboral.

  • Instituciones encorsetadas, burocratizadas, con sistemas de trabajo altamente jerarquizados, ineficientes, basados más en la cantidad de procedimientos que en los resultados o calidad de los mismos y que en ocasiones presentan una importante politización en su gestión

  • Cargas de trabajo creciente o desbordante, junto a largas jornadas de trabajo que hacen difícil la conciliación familiar

  • Procedimientos asistenciales cada vez más complejos que hay que resolver en cortos espacios de tiempo

  • Una cultura médica que enfatiza el perfeccionismo, la negación de la vulnerabilidad personal y la gratificación retrasada

  • Dilemas de índole bioético que pueden dificultar la toma de decisiones y pueden conllevar al ensañamiento terapéutico

  • El propio sentido de la responsabilidad sobre la salud de las personas que origina sentimientos de culpa y abnegación

  • La práctica de una medicina defensiva por el miedo a las quejas, la vigilancia o incluso la judicialización

  • Una falta de seguridad en el trabajo, una baja remuneración económica o un bajo estímulo a la realización personal  por restricciones presupuestarias

 

Llegar a un diagnóstico también puede ser difícil, pues muchas veces hay que establecer un diagnóstico diferencial con una situación de estrés, depresión o trastorno por estrés post-traumático. El síndrome de “burnout” se caracteriza fundamentalmente por:

  • Apatía
  • Embotamiento emocional
  • Desmotivación
  • Sensación de indefensión y desesperanza
  • Conduce hacia un estado depresivo
  • Afecta fundamentalmente al área de trabajo aunque puede colateralmente afectar a otras facetas de la vida diaria
  • El trabajo se percibe como la principal causa de malestar
  • La persona disfruta fuera del ambiente laboral
  • Las vacaciones y períodos de descanso mejoran la sintomatología

 

 

El síndrome de “burnout” entre los especialistas que se dedican a la Oncología empieza a ser un problema grave que puede tener consecuencias personales y profesionales importantes. La carga del cáncer está aumentando a nivel mundial con una creciente necesidad de oncólogos. Las importantes demandas asociadas con el cuidado de pacientes con cáncer dentro de un campo científico en rápida evolución plantean múltiples desafíos, incluido el riesgo de agotamiento laboral. Existe una creciente preocupación de que el agotamiento tenga un impacto perjudicial en el bienestar de los oncólogos y sus pacientes. El pasado año 2017 se publicó una macroencuesta por la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) con datos muy significativos de prevalencia del “burnout” (un 71%) que deberían llevarnos a la reflexión. Lograr un buen equilibrio trabajo y vida personal, acceso a servicios de apoyo y tiempo de vacaciones adecuado puede reducir los niveles de desgaste profesional. Se necesita concienciación, apoyo e investigación sobre esta situación.

El abordaje en la prevención diagnóstico y tratamiento del síndrome del “burnout” debe ser integral, desde el propio individuo que lo padece, pasando por el equipo asistencial y finalmente por la propia organización o institución. La prevención, manejo y control del riesgo de “burnout” exige de unas necesarias “human tools” como bien dicen nuestros queridos “H-ermanos” del Proyecto HUCI.

El título de este post bajo el hashtag #crazysocks4docs fue ideado para fomentar las conversaciones sobre la salud mental y ayudar a reducir el estigma de los médicos que sufren este tipo de patologías, ya que muchos médicos todavía sienten que buscar ayuda podría poner en riesgo su carrera. La campaña de las redes sociales comenzó el 1 de Junio de 2017, cuando el cardiólogo Dr. Geoff Toogood, que estaba luchando contra la depresión y teniendo pensamientos suicidas, después de una combinación de circunstancias personales y profesionales pensó en difundir esta experiencia vital. De este modo se reconoce que los médicos enferman y son humanos. Porque para ponernos en marcha con la humanización sanitaria posiblemente debamos empezar por humanizarnos nosotros mismos creando así un entorno emocional más eficaz e inteligente.

Escrito por: Virginia Ruiz

2018-07-02T05:19:00+00:00 2 julio 2018|Post|

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